martes, 28 de noviembre de 2017

La reina del río.
Asoma. Emerge. Coge aire y vuelve a sumergirse en busca de alimento. Un rastro de pequeñas burbujas te van mostrando por donde va. Vuelve a salir. Observa. Se acerca a la zuda. Las cigüeñas están alerta. Expectantes. La miran. La reina del río se aproxima más. Cuando va a subir. Las cigüeñas van hacia ella a intentar picarla. La echan. No le dejan pasar la zuda por ahí. La nutria se da media vuelta y continua río abajo (si hubiera querido podría haberles dado un gran susto a las cigüeñas). Paralela a la zuda. Unos metros más adelante sale del agua. La cruza y se sumerge en el otro lado.
Un rastro de burbujas te va indicando por donde va...
Desde hace años las nutrias han experimentado una considerable subida de su población; en los años sesenta, setenta y ochenta del siglo pasado tuvieron una enorme disminución provocada por diferentes factores, como la destrucción de su hábitat, la disminución de recursos alimenticios o la enorme presión que la caza ejercía sobre ellas.
Dicha caza se realizaba por varios motivos: el principal, porque su piel era muy cotizada para la elaboración de abrigos (un abrigo suponía la muerte, más o menos, de veinte nutrias) y, en muchas partes de Zamora, de gorros que decían hechos de "piel de lluntre", nombre con el que llamaban a las nutrias, incluso, en muchos pueblos no sabían que lluntre era una nutria (gracias J. Alfredo Hernández por la información).
El segundo motivo tenía que ver con los alimañeros que, durante los fatídicos años de Las Juntas de Extinción de Animales Dañinos, mataron un gran número de ejemplares. Un tercer motivo era que en muchas zonas de nuestro país se cazaba para comer, hasta la Iglesia autorizó su consumo en la época de cuaresma ya que la consideraba una "carne de pescado". También, un cuarto motivo era que muchos pescadores tenían una enorme manía a las nutrias al considerarlas responsables de la falta de peces en los ríos.
La reina del río continuó su camino aguas abajo. Buscaba alimento. Su avance era rápido. Decidido. Se sumergía y salía muchos metros más adelante. Las nutrias son capaces de aguantar hasta tres minutos bajo el agua donde se manejan con enorme soltura gracias a sus características para moverse en un elemento en el que su cuerpo alargado, pelo impermeable, membrana interdigital o su larga cola que utiliza como timón y propulsor son elementos que le hacen una verdadera experta a la hora de nadar y bucear; además tienen un elemento muy útil y necesario que juega un papel fundamental en su vida, las vibrisas faciales.
Estos largos pelos rígidos son receptores táctiles que le proporcionan información constante del entorno. Calcular distancias, percibir corrientes, captar diferencias de temperatura o detectar movimiento son algunas de las utilidades de estos largos pelos que le son enormemente útiles junto con la vista dentro del agua, dado que el oído y el olfato solamente los utiliza fuera.
Asomaba la cabeza. Volvía a coger aire y se sumergía arqueando su largo cuerpo hacia la oscura profundidad del río. La perdí de vista. Desapareció. Pasados bastantes minutos la volví a localizar en otra parte del río. Había conseguido alimento.
Allí estaba. Sobre un tronco medio sumergido comiendo un gran pez. Lo agarraba con sus fuertes manos para sujetarlo y poderlo comer a gusto. Comía rápido. Sin descanso.
Comía rápido, en un contraluz del atardecer.
Como he comentado en otras entradas y, creo que es bueno recordarlo: ¿quién no ha oído decir?: “las nutrias solamente viven en ríos de aguas cristalinas y transparentes; son bioindicadoras de la pureza de las aguas”. Nada más lejos de la realidad. Las nutrias pueden vivir también en aguas oscuras o de color chocolate, lo único que necesitan es alimento, resguardo y tranquilidad, si estas necesidades están cubiertas en un río de aguas turbias, vivirán en él sin ningún problema.
Terminó su comida. Se sumergió elegante, con un fuerte impulso arqueando su cuerpo para salir varios metros más adelante. Nadaba rápido hacia la orilla, hacia los juncos. Una barca se aproximaba. Rápidamente se escondió entre la espesa vegetación donde un avetorillo llegó volando para agarrarse cual experto equilibrista a la inestabilidad de los juncos. La barca pasó. La reina del río volvió a asomar y continuó su recorrido por su territorio. Un territorio urbano. Un territorio en el que nadie la ve. Nadie la molesta. Ella es la reina del río. La nutria. 

jueves, 16 de noviembre de 2017

Avutardas, grullas y ánsares en una Villafáfila seca.
Villafáfila está sin agua. Todas las lagunas están completamente secas; solamente hay agua en cuatro puntos; cuando digo agua me refiero a cuatro charcos de diferentes tamaños pero a fin de cuentas, charcos.
España está sufriendo una preocupante sequía pero, como una imagen vale más que mil palabras, el día 13 de noviembre AEMET (Asociación Española de Meteorología) publicó las siguientes imágenes:
A dicha imagen le acompañaba este texto: “Índice de Vegetación: En estas dos imágenes comparamos el desarrollo de la vegetación a 31-10-2014 con el del 31-10-2017. Los tonos marrones revelan ausencia de vegetación. La diferencia salta a la vista”. “No es que donde en 2014 había árboles ahora no los haya, sino que falta vegetación herbácea por la ausencia de lluvias. Digamos que es otra forma de ver la sequía”.
AEMET cataloga el año hidrológico 2016-17 como “muy seco”: 15% menos de precipitaciones con respecto a la media.
Esta falta absoluta de agua está provocando importantes problemas de abastecimiento, restricciones, daños en la agricultura y ganadería, problemas de energía, aumento del efecto invernadero, derivada económica, incendios…y, por supuesto, afecta a la flora y fauna de nuestro entorno.
Así está ahora mismo la Salina Grande. Seca.
Ante este panorama mi visita a las lagunas no tenía demasiadas expectativas pero, como sucede muchas veces, la naturaleza me sorprendió. Unas 1.200 grullas y algo más de 1.000 ánsares se mueven por la zona. Las aves han venido, van viniendo pero…como no llueva rápido y mucho…desaparecerán, se irán y la invernada será un auténtico desastre. Se irán a otras zonas como Herrín de Campos donde tienen el agua asegurada mediante su llenado artificial.
Grupo de ánsares llegando a la Salina Grande.
Villafáfila es uno de los pocos lugares del mundo en el que puedes encontrarte juntos: avutardas, ánsares y grullas. Un espectáculo realmente imponente y majestuoso del que pude disfrutar a placer.
La Casa del Parque es otro de los puntos en los que hay agua. En ella un precioso zampullín cuellinegro se movía entre porrones europeos y moñudos junto con fochas, azulones, ánsares o zampullines comunes que recorrían la laguna ante la atenta mirada de un cormorán grande y una garza real.
Los campos están secos. Perdices, bisbitas, estorninos, alondras y pequeños bandos de avefrías se ven salpicando el seco amarillo de las hierbas mientras, un pequeño mochuelo, observa desde su atalaya como un aguilucho lagunero y un cernícalo vulgar patrullan el terreno en busca de alimento o unos conejos se refugian en sus madrigueras asustados por el vuelo de un milano real o un busardo ratonero.
Combatientes, tarros blancos, cercetas comunes, correlimos comunes, patos cuchara y azulones se agolpan en las pequeñas láminas de agua como verdaderas sardinas en aceite, sin espacio para moverse…sin agua.
La situación es muy preocupante, muy delicada. La pasada primavera la temporada de cría fue un verdadero desastre. Las previsiones para esta invernada son desastrosas. No tiene pinta de llover. No hay previsiones de lluvia. Si no llueve, el campo se muere y con él sus habitantes.

sábado, 11 de noviembre de 2017

¿Cuánto puede vivir un ave?
El pasado 19 de septiembre conté en el blog la apasionante historia de una espátula que pude ver en las Lagunas de Villafáfila con la friolera de 29 años. La increíble historia de esta espátula me generó una curiosidad: ¿cuánto puede vivir un ave?
Evidentemente la longevidad va a depender de muchos factores. No es lo mismo la longevidad de un pequeño pajarillo que la de un ave de mayor tamaño así es que, en esta entrada, hablaré de diferentes especies ya que, para una, puede ser mucho 8 años y, para otra, ser muy poco tiempo de vida.
Todas las especies de las que voy a hablar son de ejemplares en libertad que han sido anillados y que gracias a esta anilla se ha podido comprobar su edad.
Desde la antigüedad se han marcado aves. Se conocen anécdotas históricas como la pérdida de un halcón peregrino del rey francés Enrique IV en el año 1595 que fue recuperado, veinticuatro horas después, en la isla de Malta, a 2.160 kilómetros de distancia.
El anillamiento de carácter científico tuvo su inicio en Dinamarca, donde H. C. Mortensen, en 1899 anilló 164 estorninos pintos. Desde ese momento el anillamiento de aves se fue extendiendo por todo el mundo hasta que en 1930 se empezó a anillar en España.
Una anilla es como el DNI del ave que la lleva. Esa anilla llevará un número y un remite nacional que servirá para saber todos los datos de esa ave. 
El problema que tienen las anillas metálicas es su lectura. Es muy complicado leerlas a distancia, razón por la cual se empezaron a usar anillas de colores, collares o marcas alares con códigos en algunos individuos de los anillados, para que se pudieran leer desde lejos. Pero, la inmensa mayoría de las aves que se anillan con colores, también llevan su anilla de metal en la pata.
El avistamiento de estas aves anilladas permite conocer diferentes facetas de su vida, como: donde está, la ruta que ha seguido,…y, entre ellas, su edad. Esta edad es realmente sorprendente en algunos ejemplares. En la página euring podemos comprobar los registros conocidos de un gran número de especies anilladas con sus records de longevidad pero, antes de referirme a ellos, voy a hacer un recuento de cuales son las aves que he podido ver con más años.
La espátula AB4 es la del centro con anilla de color naranja.
Así, en primer lugar y con medalla de oro, estaría la espátula con anilla blanca AB4 que pude ver el 21-4-2017 en la Laguna de San Pedro (Lagunas de Villafáfila) con la friolera de 29 años, siendo una de las espátulas con mas años de vida de las que se tenga constancia. Espátula con una curiosa historia que podéis recordar pinchando aquí.
En segundo lugar, con medalla de plata, estaría una cigüeña blanca, la 0|CP, que vi cerca del Centro de Residuos Urbanos de Zamora el 28-10-2017 con 27 años de vida. Cigüeña anillada en 1990 por Fernando Jubete en Becerril de Campos (Palencia).
Con la medalla de bronce se encuentran empatados un ánsar común y una gaviota sombría. El ánsar común con collar B6H lo pude ver el 9-12-2014 en las Lagunas de Villafáfila cuando contaba con 19 años de vida. Fue anillado por Arne Follestad en Noruega el 30-7-1995.
La gaviota sombría con anilla blanca 8.3 contaba con 19 años de vida cuando la observé en el Centro de Residuos Urbanos de Zamora el 7-1-2017. Fue anillada en Holanda por Norman D. van Swelm.
Estas cuatro aves las he podido ver en la provincia de Zamora. Fuera de nuestra querida provincia el ave con mayor edad que he podido ver es una gaviota cabecinegra de 18 años, con anilla blanca E844 en Gijón, el 5-12-2016 que fue anillada en Holanda el 17-6-1998. Gaviota cabecinegra con una peculiar historia al ser anillada tres veces en dos países diferentes. (Pinchar aquí para recordar su curiosa historia).
Estas son las aves que he podido ver de mas edad pero, si volvemos a la página de euring, nos encontraremos con verdaderas supervivientes.
Así, por ejemplo, una pardela sombría con la friolera de 55 años que fue vista en Inglaterra. Una pardela pichoneta de 50 años vista también en Inglaterra. Un ánsar piquicorto encontrado muerto con 40 años (también en Inglaterra).
Pardela sombría.
Historias increíbles de aves que han sorteado peligros y enfermedades para llegar a esas edades como una cigüeña blanca de 39 años encontrada muerta en Suiza. Una gaviota argéntea de 34 años encontrada con un tiro en Holanda. Una alca de 42 años en Gran Bretaña. Un frailecillo capturado por un halcón cuando contaba con 40 años en Noruega o una pequeña lavandera blanca de 13 años vista en la República Checa. ¡Increíble! Desde luego la naturaleza nunca nos dejará de sorprender.

viernes, 3 de noviembre de 2017

La vida de 11 lobos.
La mañana estaba agradable y las esperanzas eran muchas de poder observar algún lobo en libertad, en su hábitat, en la sierra, en su casa. Esperanzas que se vieron más que cumplidas cuando un hermoso lobo apareció en mitad de un camino y se tumbó al sol que despuntaba en el horizonte. Tranquilo. Sereno. Se estiró cuan largo era y tomó, durante varios minutos, el agradable sol de la mañana hasta que, de repente, se levantó como un resorte y fue corriendo hacia el espeso brezal. Brezal del que salían seis preciosos cachorros de unos tres meses y medio que comenzaron a saltar a su alrededor, a corretear, a morderse. El lobo adulto dio la orden y todos comenzaron a seguirlo por el camino.
Los pequeños cachorros le seguían pero no paraban de jugar en el avance. Se perseguían. Se mordían. Formaban una verdadera pelota de lobeznos que jugaban a saltar sobre uno de ellos que quedaba completamente cubierto. Seguían su avance por el camino detrás del adulto que, en un punto determinado, se salió y volvió al intrincado brezal para terminar en un grupo de piedras en las que se volvió a tumbar mientras, los pequeños, a su alrededor, continuaron jugando hasta que se les acabaron las fuerzas y comenzaron a tumbarse entre la espesura.
Durante la siguiente hora no se movieron del lugar. El adulto se tumbó, cuan largo era, y se durmió profundamente. Esta relativa tranquilidad se vio alterada cuando aparecieron otros tres lobos adultos que fueron recibidos por los pequeños con movimientos constantes de su cuerpo y pequeñas carreras de alegría. Los recién llegados se tumbaron en las rocas. Comenzaba su descanso.
Media hora más tarde una ingenua corza caminaba tranquilamente entre el brezo. Corza que se dirigía directamente hacia donde estaban todos los lobos tumbados. “¡Pero dónde va!” Directa hacia los lobos. Directa hacia la boca del lobo. Se fue acercando sin darse cuenta de nada hasta que, a menos de quince metros, se paró en seco. Se puso tiesa, con la cabeza y cuello estirados, orejas en alerta y, en ese momento, tres lobos se incorporaron y la miraron fijamente. A un lado la sorprendida corza y del otro los tres lobos atentos. En menos de un segundo la corza se giró y salió corriendo a grandes saltos en dirección contraria a los lobos que, solamente, se levantaron para observar como se perdía entre el brezo.
Ni se inmutaron. Estaban con la barriga llena y no les hacía falta malgastar una energía que, seguramente, necesitarían en otra ocasión. La corza se salvó porque los lobos estaban bien alimentados. Se había metido entre cuatro lobos adultos que, en otro momento, de más hambre, hubieran ido a por la despistada corza.
Los lobos volvieron a tumbarse tranquilamente mientras, los cachorros, que se habían asomado a ver qué pasaba volvieron a iniciar un tiempo de nuevos juegos. Juegos que irán afianzando su carácter, su posición en el grupo; observándolos se puede llegar a conocer a cada uno de ellos, a saber quién domina a quién, quién es el despistado o el que anda más libre, al que le gusta investigar, al que le gusta ir con los adultos…al igual que nuestros hijos, los pequeños lobos, son diferentes, tienen personalidades diferentes que se irán marcando desde estos momentos, desde el juego, desde que son muy pequeños.
Pasados unos minutos todo volvió a la calma. Se fueron echando entre el brezo y sobre las rocas. Era el  momento de descansar. De reponer fuerzas. De recuperar energías. A la media hora, un gran lobo oscuro, muy oscuro, apareció entre el brezo. Se dirigía directamente hacia donde se encontraba el grupo familiar. Su andar era firme, decidido, elegante, potente, era un gran lobo. Se fue acercando a través del intrincado y espeso brezal hasta donde estaba todo el grupo.
Los cachorros se sentaron unos y se pusieron en pie otros. Todos miraban hacia el lugar por el que venía el gran lobo. Ninguno lo veía pero era increíble ver como esperaban atentos, las orejas tiesas y el cuerpo estirado, cuello levantado y cabeza en dirección hacia el lugar por el que venía el gran lobo. ¿Lo estarían escuchando? ¿Cómo notaban su presencia?
Cuando apareció, todos los cachorros salieron a su encuentro contoneándose, moviendo su cuerpo como si fuera un gran chicle de un lado para otro. Se acercaban, le chupaban la cara, el morro y se agachaban a su lado sumisos, con las orejas gachas, meneando la cola en un signo de alegría que parecía que la cola tuviera vida propia. El gran lobo comenzó a arquearse, a contonear su cuerpo, a hacer espasmos que hicieron que llevara su cabeza un poco hacia atrás para casi, inmediatamente, abrir la boca y regurgitar en el suelo. Momento en el que todos los cachorros se abalanzaron sobre lo regurgitado para comerlo. 
El gran lobo se habría alimentado de cualquier animal, cazado por él o encontrado muerto, los lobos son carroñeros y si encuentran un animal muerto no desaprovecharán la oportunidad. Se habría alimentado a una distancia que los pequeños lobos todavía no podrían recorrer así es que la manera de llevar esa comida hasta sus lobeznos era en el estómago y además, en forma de papilla, como cuando a nuestros hijos les damos papillas o purés para empezar a comer después de la lactancia. No empiezan a comer carne directamente, hay una transición. Los lobos hacen lo mismo. Se van acostumbrando. El siguiente paso será llevarles un trozo de comida sin digerir, en la boca, para que ellos vayan comiendo. Al cabo de un tiempo irán moviendo a los pequeños hasta el lugar en el que se encuentra la comida y coman de ella. La manera de comer también va afianzando su posición en el grupo. No todo el grupo familiar come a la vez. Hay turnos. Hay rangos. Unos comen antes y otros después.
Con el estómago lleno se volvieron a tumbar tranquilos pero, al cabo de unos minutos, el mismo lobo que los llevó hasta las piedras se comenzó a mover brezal abajo, momento en el que todos los cachorros se levantaron y lo siguieron en fila. Había dado la orden de volver a su lugar protegido, a su encame donde pasarían todo el día.
Bajaban por el brezo en fila cuando, de repente, el lobo adulto que iba al principio se tumbó; inmediatamente todos los cachorros lo imitaron. Desaparecieron entre la espesura. ¿Qué pasaba? ¿Por qué hacían eso? ¿Por qué se tumbaban y desaparecían? Miré hacia las rocas y todos los lobos adultos también habían desaparecido. Se los había tragado la tierra.
El porqué apareció unos cientos de metros más abajo; por un camino subía un coche directamente hacia donde ellos se encontraban. El coche subió y pasó a escasos metros de donde estaban tumbados el adulto y los cachorros. Era increíble ver que no se veía nada, que habían percibido el peligro y estaban actuando para no ser vistos, para no correr ningún riesgo. 
Estaban ocultos. Escondidos. Nos temen y saben que un encuentro con el hombre puede ser muy peligroso y en ocasiones mortal. El coche pasó delante de ellos y unos cincuenta metros mas arriba paró, se bajó un hombre y comenzó a observar el valle; unos ciervos salieron corriendo pero los lobos ni se inmutaron, ninguno asomó. El hombre volvió al coche. Montó y se fue. Hasta que el coche no se alejó unos cientos de metros el lobo adulto no se levantó. Inmediatamente después todos los cachorros hicieron lo mismo y comenzaron a seguirlo por el brezal para salir al camino por el que acababa de pasar el coche. Bajaron por él y se perdieron en el mismo que lugar por el que habían aparecido unas horas antes.
Esta es la vida de un grupo familiar. Esto es lo que sucede en la naturaleza. Esta es la vida de 11 lobos en estado salvaje en un día cualquiera en nuestra sierra. Todo un privilegio de animal que debemos conocer para poder valorar y respetar.