jueves, 16 de noviembre de 2017

Avutardas, grullas y ánsares en una Villafáfila seca.
Villafáfila está sin agua. Todas las lagunas están completamente secas; solamente hay agua en cuatro puntos; cuando digo agua me refiero a cuatro charcos de diferentes tamaños pero a fin de cuentas, charcos.
España está sufriendo una preocupante sequía pero, como una imagen vale más que mil palabras, el día 13 de noviembre AEMET (Asociación Española de Meteorología) publicó las siguientes imágenes:
A dicha imagen le acompañaba este texto: “Índice de Vegetación: En estas dos imágenes comparamos el desarrollo de la vegetación a 31-10-2014 con el del 31-10-2017. Los tonos marrones revelan ausencia de vegetación. La diferencia salta a la vista”. “No es que donde en 2014 había árboles ahora no los haya, sino que falta vegetación herbácea por la ausencia de lluvias. Digamos que es otra forma de ver la sequía”.
AEMET cataloga el año hidrológico 2016-17 como “muy seco”: 15% menos de precipitaciones con respecto a la media.
Esta falta absoluta de agua está provocando importantes problemas de abastecimiento, restricciones, daños en la agricultura y ganadería, problemas de energía, aumento del efecto invernadero, derivada económica, incendios…y, por supuesto, afecta a la flora y fauna de nuestro entorno.
Así está ahora mismo la Salina Grande. Seca.
Ante este panorama mi visita a las lagunas no tenía demasiadas expectativas pero, como sucede muchas veces, la naturaleza me sorprendió. Unas 1.200 grullas y algo más de 1.000 ánsares se mueven por la zona. Las aves han venido, van viniendo pero…como no llueva rápido y mucho…desaparecerán, se irán y la invernada será un auténtico desastre. Se irán a otras zonas como La Nava y Herrín de Campos donde tienen el agua asegurada mediante su llenado artificial.
Grupo de ánsares llegando a la Salina Grande.
Villafáfila es uno de los pocos lugares del mundo en el que puedes encontrarte juntos: avutardas, ánsares y grullas. Un espectáculo realmente imponente y majestuoso del que pude disfrutar a placer.
La Casa del Parque es otro de los puntos en los que hay agua. En ella un precioso zampullín cuellinegro se movía entre porrones europeos y moñudos junto con fochas, azulones, ánsares o zampullines comunes que recorrían la laguna ante la atenta mirada de un cormorán grande y una garza real.
Los campos están secos. Perdices, bisbitas, estorninos, alondras y pequeños bandos de avefrías se ven salpicando el seco amarillo de las hierbas mientras, un pequeño mochuelo, observa desde su atalaya como un aguilucho lagunero y un cernícalo vulgar patrullan el terreno en busca de alimento o unos conejos se refugian en sus madrigueras asustados por el vuelo de un milano real o un busardo ratonero.
Combatientes, tarros blancos, cercetas comunes, correlimos comunes, patos cuchara y azulones se agolpan en las pequeñas láminas de agua como verdaderas sardinas en aceite, sin espacio para moverse…sin agua.
La situación es muy preocupante, muy delicada. La pasada primavera la temporada de cría fue un verdadero desastre. Las previsiones para esta invernada son desastrosas. No tiene pinta de llover. No hay previsiones de lluvia. Si no llueve, el campo se muere y con él sus habitantes.

sábado, 11 de noviembre de 2017

¿Cuánto puede vivir un ave?
El pasado 19 de septiembre conté en el blog la apasionante historia de una espátula que pude ver en las Lagunas de Villafáfila con la friolera de 29 años. La increíble historia de esta espátula me generó una curiosidad: ¿cuánto puede vivir un ave?
Evidentemente la longevidad va a depender de muchos factores. No es lo mismo la longevidad de un pequeño pajarillo que la de un ave de mayor tamaño así es que, en esta entrada, hablaré de diferentes especies ya que, para una, puede ser mucho 8 años y, para otra, ser muy poco tiempo de vida.
Todas las especies de las que voy a hablar son de ejemplares en libertad que han sido anillados y que gracias a esta anilla se ha podido comprobar su edad.
Desde la antigüedad se han marcado aves. Se conocen anécdotas históricas como la pérdida de un halcón peregrino del rey francés Enrique IV en el año 1595 que fue recuperado, veinticuatro horas después, en la isla de Malta, a 2.160 kilómetros de distancia.
El anillamiento de carácter científico tuvo su inicio en Dinamarca, donde H. C. Mortensen, en 1899 anilló 164 estorninos pintos. Desde ese momento el anillamiento de aves se fue extendiendo por todo el mundo hasta que en 1930 se empezó a anillar en España.
Una anilla es como el DNI del ave que la lleva. Esa anilla llevará un número y un remite nacional que servirá para saber todos los datos de esa ave. 
El problema que tienen las anillas metálicas es su lectura. Es muy complicado leerlas a distancia, razón por la cual se empezaron a usar anillas de colores, collares o marcas alares con códigos en algunos individuos de los anillados, para que se pudieran leer desde lejos. Pero, la inmensa mayoría de las aves que se anillan con colores, también llevan su anilla de metal en la pata.
El avistamiento de estas aves anilladas permite conocer diferentes facetas de su vida, como: donde está, la ruta que ha seguido,…y, entre ellas, su edad. Esta edad es realmente sorprendente en algunos ejemplares. En la página euring podemos comprobar los registros conocidos de un gran número de especies anilladas con sus records de longevidad pero, antes de referirme a ellos, voy a hacer un recuento de cuales son las aves que he podido ver con más años.
La espátula AB4 es la del centro con anilla de color naranja.
Así, en primer lugar y con medalla de oro, estaría la espátula con anilla blanca AB4 que pude ver el 21-4-2017 en la Laguna de San Pedro (Lagunas de Villafáfila) con la friolera de 29 años, siendo una de las espátulas con mas años de vida de las que se tenga constancia. Espátula con una curiosa historia que podéis recordar pinchando aquí.
En segundo lugar, con medalla de plata, estaría una cigüeña blanca, la 0|CP, que vi cerca del Centro de Residuos Urbanos de Zamora el 28-10-2017 con 27 años de vida. Cigüeña anillada en 1990 por Fernando Jubete en Becerril de Campos (Palencia).
Con la medalla de bronce se encuentran empatados un ánsar común y una gaviota sombría. El ánsar común con collar B6H lo pude ver el 9-12-2014 en las Lagunas de Villafáfila cuando contaba con 19 años de vida. Fue anillado por Arne Follestad en Noruega el 30-7-1995.
La gaviota sombría con anilla blanca 8.3 contaba con 19 años de vida cuando la observé en el Centro de Residuos Urbanos de Zamora el 7-1-2017. Fue anillada en Holanda por Norman D. van Swelm.
Estas cuatro aves las he podido ver en la provincia de Zamora. Fuera de nuestra querida provincia el ave con mayor edad que he podido ver es una gaviota cabecinegra de 18 años, con anilla blanca E844 en Gijón, el 5-12-2016 que fue anillada en Holanda el 17-6-1998. Gaviota cabecinegra con una peculiar historia al ser anillada tres veces en dos países diferentes. (Pinchar aquí para recordar su curiosa historia).
Estas son las aves que he podido ver de mas edad pero, si volvemos a la página de euring, nos encontraremos con verdaderas supervivientes.
Así, por ejemplo, una pardela sombría con la friolera de 55 años que fue vista en Inglaterra. Una pardela pichoneta de 50 años vista también en Inglaterra. Un ánsar piquicorto encontrado muerto con 40 años (también en Inglaterra).
Pardela sombría.
Historias increíbles de aves que han sorteado peligros y enfermedades para llegar a esas edades como una cigüeña blanca de 39 años encontrada muerta en Suiza. Una gaviota argéntea de 34 años encontrada con un tiro en Holanda. Una alca de 42 años en Gran Bretaña. Un frailecillo capturado por un halcón cuando contaba con 40 años en Noruega o una pequeña lavandera blanca de 13 años vista en la República Checa. ¡Increíble! Desde luego la naturaleza nunca nos dejará de sorprender.

viernes, 3 de noviembre de 2017

La vida de 11 lobos.
La mañana estaba agradable y las esperanzas eran muchas de poder observar algún lobo en libertad, en su hábitat, en la sierra, en su casa. Esperanzas que se vieron más que cumplidas cuando un hermoso lobo apareció en mitad de un camino y se tumbó al sol que despuntaba en el horizonte. Tranquilo. Sereno. Se estiró cuan largo era y tomó, durante varios minutos, el agradable sol de la mañana hasta que, de repente, se levantó como un resorte y fue corriendo hacia el espeso brezal. Brezal del que salían seis preciosos cachorros de unos tres meses y medio que comenzaron a saltar a su alrededor, a corretear, a morderse. El lobo adulto dio la orden y todos comenzaron a seguirlo por el camino.
Los pequeños cachorros le seguían pero no paraban de jugar en el avance. Se perseguían. Se mordían. Formaban una verdadera pelota de lobeznos que jugaban a saltar sobre uno de ellos que quedaba completamente cubierto. Seguían su avance por el camino detrás del adulto que, en un punto determinado, se salió y volvió al intrincado brezal para terminar en un grupo de piedras en las que se volvió a tumbar mientras, los pequeños, a su alrededor, continuaron jugando hasta que se les acabaron las fuerzas y comenzaron a tumbarse entre la espesura.
Durante la siguiente hora no se movieron del lugar. El adulto se tumbó, cuan largo era, y se durmió profundamente. Esta relativa tranquilidad se vio alterada cuando aparecieron otros tres lobos adultos que fueron recibidos por los pequeños con movimientos constantes de su cuerpo y pequeñas carreras de alegría. Los recién llegados se tumbaron en las rocas. Comenzaba su descanso.
Media hora más tarde una ingenua corza caminaba tranquilamente entre el brezo. Corza que se dirigía directamente hacia donde estaban todos los lobos tumbados. “¡Pero dónde va!” Directa hacia los lobos. Directa hacia la boca del lobo. Se fue acercando sin darse cuenta de nada hasta que, a menos de quince metros, se paró en seco. Se puso tiesa, con la cabeza y cuello estirados, orejas en alerta y, en ese momento, tres lobos se incorporaron y la miraron fijamente. A un lado la sorprendida corza y del otro los tres lobos atentos. En menos de un segundo la corza se giró y salió corriendo a grandes saltos en dirección contraria a los lobos que, solamente, se levantaron para observar como se perdía entre el brezo.
Ni se inmutaron. Estaban con la barriga llena y no les hacía falta malgastar una energía que, seguramente, necesitarían en otra ocasión. La corza se salvó porque los lobos estaban bien alimentados. Se había metido entre cuatro lobos adultos que, en otro momento, de más hambre, hubieran ido a por la despistada corza.
Los lobos volvieron a tumbarse tranquilamente mientras, los cachorros, que se habían asomado a ver qué pasaba volvieron a iniciar un tiempo de nuevos juegos. Juegos que irán afianzando su carácter, su posición en el grupo; observándolos se puede llegar a conocer a cada uno de ellos, a saber quién domina a quién, quién es el despistado o el que anda más libre, al que le gusta investigar, al que le gusta ir con los adultos…al igual que nuestros hijos, los pequeños lobos, son diferentes, tienen personalidades diferentes que se irán marcando desde estos momentos, desde el juego, desde que son muy pequeños.
Pasados unos minutos todo volvió a la calma. Se fueron echando entre el brezo y sobre las rocas. Era el  momento de descansar. De reponer fuerzas. De recuperar energías. A la media hora, un gran lobo oscuro, muy oscuro, apareció entre el brezo. Se dirigía directamente hacia donde se encontraba el grupo familiar. Su andar era firme, decidido, elegante, potente, era un gran lobo. Se fue acercando a través del intrincado y espeso brezal hasta donde estaba todo el grupo.
Los cachorros se sentaron unos y se pusieron en pie otros. Todos miraban hacia el lugar por el que venía el gran lobo. Ninguno lo veía pero era increíble ver como esperaban atentos, las orejas tiesas y el cuerpo estirado, cuello levantado y cabeza en dirección hacia el lugar por el que venía el gran lobo. ¿Lo estarían escuchando? ¿Cómo notaban su presencia?
Cuando apareció, todos los cachorros salieron a su encuentro contoneándose, moviendo su cuerpo como si fuera un gran chicle de un lado para otro. Se acercaban, le chupaban la cara, el morro y se agachaban a su lado sumisos, con las orejas gachas, meneando la cola en un signo de alegría que parecía que la cola tuviera vida propia. El gran lobo comenzó a arquearse, a contonear su cuerpo, a hacer espasmos que hicieron que llevara su cabeza un poco hacia atrás para casi, inmediatamente, abrir la boca y regurgitar en el suelo. Momento en el que todos los cachorros se abalanzaron sobre lo regurgitado para comerlo. 
El gran lobo se habría alimentado de cualquier animal, cazado por él o encontrado muerto, los lobos son carroñeros y si encuentran un animal muerto no desaprovecharán la oportunidad. Se habría alimentado a una distancia que los pequeños lobos todavía no podrían recorrer así es que la manera de llevar esa comida hasta sus lobeznos era en el estómago y además, en forma de papilla, como cuando a nuestros hijos les damos papillas o purés para empezar a comer después de la lactancia. No empiezan a comer carne directamente, hay una transición. Los lobos hacen lo mismo. Se van acostumbrando. El siguiente paso será llevarles un trozo de comida sin digerir, en la boca, para que ellos vayan comiendo. Al cabo de un tiempo irán moviendo a los pequeños hasta el lugar en el que se encuentra la comida y coman de ella. La manera de comer también va afianzando su posición en el grupo. No todo el grupo familiar come a la vez. Hay turnos. Hay rangos. Unos comen antes y otros después.
Con el estómago lleno se volvieron a tumbar tranquilos pero, al cabo de unos minutos, el mismo lobo que los llevó hasta las piedras se comenzó a mover brezal abajo, momento en el que todos los cachorros se levantaron y lo siguieron en fila. Había dado la orden de volver a su lugar protegido, a su encame donde pasarían todo el día.
Bajaban por el brezo en fila cuando, de repente, el lobo adulto que iba al principio se tumbó; inmediatamente todos los cachorros lo imitaron. Desaparecieron entre la espesura. ¿Qué pasaba? ¿Por qué hacían eso? ¿Por qué se tumbaban y desaparecían? Miré hacia las rocas y todos los lobos adultos también habían desaparecido. Se los había tragado la tierra.
El porqué apareció unos cientos de metros más abajo; por un camino subía un coche directamente hacia donde ellos se encontraban. El coche subió y pasó a escasos metros de donde estaban tumbados el adulto y los cachorros. Era increíble ver que no se veía nada, que habían percibido el peligro y estaban actuando para no ser vistos, para no correr ningún riesgo. 
Estaban ocultos. Escondidos. Nos temen y saben que un encuentro con el hombre puede ser muy peligroso y en ocasiones mortal. El coche pasó delante de ellos y unos cincuenta metros mas arriba paró, se bajó un hombre y comenzó a observar el valle; unos ciervos salieron corriendo pero los lobos ni se inmutaron, ninguno asomó. El hombre volvió al coche. Montó y se fue. Hasta que el coche no se alejó unos cientos de metros el lobo adulto no se levantó. Inmediatamente después todos los cachorros hicieron lo mismo y comenzaron a seguirlo por el brezal para salir al camino por el que acababa de pasar el coche. Bajaron por él y se perdieron en el mismo que lugar por el que habían aparecido unas horas antes.
Esta es la vida de un grupo familiar. Esto es lo que sucede en la naturaleza. Esta es la vida de 11 lobos en estado salvaje en un día cualquiera en nuestra sierra. Todo un privilegio de animal que debemos conocer para poder valorar y respetar.

jueves, 26 de octubre de 2017

Salida pelágica desde Santoña II.
Los verdaderos protagonistas de la salida fueron los alcatraces. Una ave excepcionalmente bella que nos deleitó con sus vuelos, pasadas y picados (muchos menos de los que hubiéramos deseado). Entre pardelas y gaviotas siempre aparecía un alcatraz.
Siempre los había visto de lejos, desde la costa, y cuando los ves más cerca te das cuenta de lo grandes que son. Su envergadura puede llegar a casi dos metros. Aparecen planeando. Se aproximan. Giran y, de repente, se lanzan en un picado asombroso, a una velocidad de vértigo, puede llegar a 100km/h, para atravesar la superficie del mar como una auténtico misil. Saliendo majestuosos y elegantes segundos después con su premio para iniciar una carrera sobre el agua que les permitirá remontar el vuelo nuevamente.
Dos curiosidades me surgieron mientras los veía desde el barco; la primera el nombre; la segunda, ¿cómo soportan el impacto con el agua a esa velocidad? Como he sido curioso desde pequeño me puse a investigar.
Sabía que su nombre provenía del árabe pero nada más; resulta que, efectivamente, proviene del árabe hispano pero hay varias posibilidades. La partícula “al” significa “el”o “la” y qatras "caminar arrogante", con lo cual sería: “el que camina arrogante” (según la DRAE). Pero hay una segunda opción, que venga de al-gattas que significa “el zambullidor” (según American Heritage). Como no hay dos sin tres tenemos una tercera posibilidad, según el diccionario Webster, proviene de al-gadus, “el portador de agua”.
Los alcatraces seguían pasando. El movimiento era constante y la actividad frenética. Actividad que se vio sacudida por alguien que gritó: “¡Soplo a las nueve!”. Automáticamente todos buscamos en esa dirección. Allí estaba. Un pequeño soplo se veía en el agua…¡y una aleta! Eran delfines comunes.
La verdad es que no sé si nos acercamos nosotros o fueron ellos los que vinieron a vernos; el caso es que estuvieron un rato jugando alrededor del barco, tanto en los laterales como por debajo del casco. Parecía que se divertían; para ellos era como un juego, como cuando nuestros niños van al parque y se montan en un columpio o bajan por el tobogán.
“Están a babor”. “Ahora en proa”. Se movían de un lado para otro, saltaban o se giraban bajo el agua. Ellos disfrutaban de nosotros y nosotros de ellos. La familia de delfines comunes desapareció y continuamos con los alcatraces.
Es increíble como entran en el agua. Este pequeño misil tiene una adaptación perfecta de su cuerpo para poder pescar de esta forma. Cuerpo alargado, alas insertadas muy adelante para plegarlas a la entrada del agua, cola corta y patas palmeadas que utiliza dentro del agua para perseguir a los peces, pico fuerte y largo para captúrarlos, agujeros nasales y oídos que cierra para que no le entre agua; todo está adaptado para lanzarse en picado, introducirse en el agua y capturar a los peces, pero ¿cómo soportan el impacto con el agua a esa velocidad?
La naturaleza y la evolución son sorprendentes. Los alcatraces tienen debajo de la piel de su cara y del pecho unos sacos de aire que llenan cuando va a entrar en el agua amortiguando el impacto.
Seguían pasando cerca nuestro. Mostrándonos toda su belleza; da igual la edad que tengan, todos, desde los juveniles hasta los adultos (consiguen el plumaje de adulto a los cinco años) son increíblemente hermosos. En las siguientes fotografías se puede ver la evolución de su plumaje desde un juvenil nacido este año en cualquier lugar de Escocia hasta un adulto con su inmaculado plumaje.
Para alguien de interior estar en alta mar es un cúmulo de sensaciones que te embriagan, que te entran por los cuatro costados: el viento, el agua, el color, las olas…que duro debe de ser vivir y trabajar en el mar, duro y hermoso, peligroso y mágico, eso es el mar.
Pardela balear entre gaviotas.
Gaviota sombría.
Gaviota patiamarilla.
Las gaviotas continuaban en su lucha constante mientras las pardelas y alcatraces seguían apareciendo de vez en cuando. Algo sorprendente fue ver como una mariposa pasaba volando al lado del barco, ¡una mariposa! A unas 18 millas de la costa. No daba crédito a verla ahí.
Pequeños pajarillos volaban exhaustos en la inmensidad del mar; nos pasaron mosquiteros, alondras y bisbitas. Muchos de estos pajarillos llegan sin fuerzas a los acantilados de la costa desde donde una pareja de halcones los vigilan para caer sobre ellos, son comida fácil y rápida; así es la naturaleza cruel y hermosa a partes iguales, unos mueren y otros sobreviven.
Una solitaria alca común flotaba en la lejanía mientras un grupo de ánades silbones volaban en dirección a la costa. Dimos la vuelta. Volvíamos a tierra. El movimiento comenzó a decaer pero las gaviotas y alcatraces seguían apareciendo mientras gaviones y pardelas no dejaban de visitarnos esporádicamente.
Mirando las fotos de los alcatraces me surgió otra curiosidad sobre ellos: las líneas de las patas, ¿qué significaban?
Esas finas líneas que tienen en pata y pie marca la diferencia entre ver un macho o una hembra, así, si son líneas de color verde azulado es una hembra, por el contrario, si es verde amarillenta es un macho. Realmente curioso.
Cruzamos, nuevamente, junto a los acantilados del monte Buciero desde donde un halcón, apostado en un árbol seco, nos observaba expectante esperando a uno de esos pequeños pajarillos que llegan a la costa sin fuerzas. Llegamos al muelle. Nos despedimos y volví a casa con la mente llena de imágenes, sensaciones y recuerdos que nunca olvidaré. Fue mi primera salida pelágica y, espero, que no sea la última.

jueves, 19 de octubre de 2017

Salida pelágica desde Santoña I.
La mañana amaneció espléndida y calurosa; el sol se levantaba por el horizonte asomando rojizo y majestuoso. Unos pescadores colocaban sus aparejos y diferentes grupos de cormoranes moñudos y garcillas bueyeras pasaban volando mientras esperaba la hora de partida. Poco a poco empezaron a aparecer más integrantes de la salida organizada por Aves cantábricas desde Santoña. 
Llegó el  momento de zarpar. Mis ganas e ilusión se multiplicaban exponencialmente  ya que nunca había realizado una salida pelágica en busca de las aves del mar; para alguien de  interior, el mar es algo inigualable, fantástico, mítico, es un mundo fascinante y desconocido que asombra en cada instante, en cada ola, en cada ave, en cada color y que provoca un enorme respeto.
El barco comenzó a surcar la bahía entre las magníficas explicaciones de Alejandro García mientras varios grupos de cormoranes moñudos nos pasaban relativamente cerca o nos miraban desde los acantilados del monte Buciero que envolvían majestuosamente al espectacular faro del Caballo.

Salimos a mar abierto. La calma era relativa. La gente iba sentada, expectante, mirando a su alrededor, esperando que alguien diera la voz de alarma sobre alguna ave que se aproximara o se viera en la lejanía. La calma se rompió cuando se empezaron a oir voces de: ”Pardela sombría a las tres”. “Alcatraz en proa”. La tranquilidad se convirtió en una búsqueda de lo anunciado; prismáticos y cámaras buscaban el objetivo y así comenzaron a aparecer los habitantes de esta inmensidad tan inquietante como embriagadora, el mar.
Las gaviotas comenzaron a llegar en gran número. Se acercaban. Volaban a tu lado o se tiraban al agua en busca de un trozo de comida en un frenesí constante.
Entre las gaviotas las más abundantes eran las patiamarillas, algo que me llamó la atención es que había muy pocas adultas, la mayoría eran jóvenes o de primer y segundo año que se lanzaban frenéticas al agua buscando una recompensa.
Entre ellas comenzaron a aparecer otras gaviotas que también buscaban alimento; algunos ejemplares de  argéntea, tridáctila, cabecinegra, sombría y varios gaviones atlánticos se mezclaban con las patiamarillas que luchaban por el tesoro que les caía del barco.
Especial ilusión me hizo ver alguna gaviota argénteas y tridáctila; especies que no puedo ver, que ansío y espero que alguna vez aparezcan por mi tierra. Las dos son preciosas.
Gaviota cabecinegra.
Las cabecinegras también esperaban su oportunidad mientras algunas gaviotas sombrías, me llamó mucho la atención el color tan negro que tenían, se dejaban ver volando o posadas en el agua.
En este maremagnun de gaviotas siempre había una voz que chillaba: “Pardela…”; el movimiento y la expectación eran máximos. Pudimos ver pardela sombría, balear, capirotada y pichoneta. Nunca las había visto. Son pequeños misiles que se mueven a ras de agua en la inmensidad del océano planeando para realizar un mínimo esfuerzo pero abarcando enormes distancias en sus movimientos y migraciones por el océano.
Pardela balear.
Vimos un buen número de ellas, destacando las pardelas baleares. Especie incluida como “En peligro crítico” en el Libro Rojo de las Aves de España y “en peligro de extinción” en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas, siendo el ave más amenazada de Europa. Esta pardela balear es la única ave marina endémica de España; cría en las Islas Baleares (de ahí su nombre) desde donde se mueve hasta el mar Cantábrico.
Pardelas baleares.
Entre las pardelas, la más abundante, era la pardela sombría que pasaba volando a gran velocidad a nuestro alrededor. Pardela que recorre mas de 10.000 km en sus migraciones desde el sur del Océano Atlántico hasta el mar Cantábrico. Si esa distancia la recorre todos los años dos veces…¿Cuántos kilómetros puede recorrer en su vida? Es verdaderamente increíble que una de estas pardelas recorra esas distancias.
Pardelas sombrías.
Si la circunferencia de la Tierra, en el ecuador, tiene 40.066 km esta pequeña ave, cada dos años, recorre una distancia igual a la circunferencia de la tierra; si la distancia a la Luna son algo más de 384.000 km, en 18 años ya la habría recorrido y, si como está demostrado, son aves muy longevas que pueden vivir más de 50 años como sucedió con una anillada en la Isla de Copeland (Irlanda del Norte) en 1953 (con mínimo 5 años) y recuperada en julio de 2003 con 55 años de vida, habría recorrido mas de 1.100.000 km…una auténtica barbaridad…increíble y todo esto sin contar lo que se pueda mover diariamente.
La actividad era frenética a nuestro alrededor que si a mirar por babor, por estribor, para arriba, para abajo; las aves aparecían por todos lados. Otras pardelas que pudimos ver fueron las pardelas pichonetas que crían en nuestro país solamente en las islas de Tenerife y La Palma pero que en sus migración también nos visitan; al igual que las capirotadas que volaron muy cerca del barco mostrándonos toda su belleza.
Pardelas capirotadas.
El tiempo pasaba a una velocidad de vértigo; las gaviotas continuaban su búsqueda incesante de cualquier resto que pudiera caer al agua y, entre ellas, aparecieron varias anilladas. Desde el propio barco pude distinguir dos patiamarillas, las dos con anilla verde y dígitos blancos: PHXY y PHZH. Curiosamente esta segunda la había visto el día anterior en el puerto de Santoña.
En la foto anterior y en esta la misma gaviota.
Una en alta mar y la otra, el día anterior, en el puerto de Santoña.
Las dos están anilladas en Tarragona (todavía no se nada más de ellas) y, seguramente, hayan llegado hasta aquí a través del río Ebro. Si estas dos las pude ver en directo otras dos las descubrí en las fotografías pero ninguna la pude leer. Una cabecinegra anillada con anilla de metal y otra con anilla roja en la tibia procedente de Holanda; la pena fue no darme cuenta en plena salida para intentar hacerles fotos, de tal manera que se pudiera leer, cuanto menos, la de la anilla roja. 
La majestuosidad de un alcatraz adulto.
La mañana avanzaba sin darte cuenta; aves, mar y gente con la que entablar una agradable conversación como Ernesto Villodas, al cual quiero agradecer toda la información y ayuda que me brindó en la visita a su tierra. 
Había pasado más de media mañana pero los avistamientos continuaron y, entre ellos, el verdadero protagonista de la mañana, el alcatraz, un ave bella y majestuosa que hizo las delicias de todos los que íbamos en el barco pero... eso, será otra historia.