lunes, 21 de mayo de 2018

El ave de los mil colores.

“¡Cuantos colores! Qué bonito”. Es la espontanea expresión de mi pequeña cuando vio sus primeros abejarucos y quedó maravillada por el colorido de este precioso pájaro que lleva en su cuerpo la paleta de colores de un pintor.
Es increíble la belleza de esta ave. Colores y más colores cubren su cuerpo en un dibujo digno de cualquier diseñador de prestigio. Es el ave de los mil colores.
Llevaba varios días viéndolos en la misma zona así es que me decidí a observarlos más detenidamente. Llegaron hace menos de un mes procedentes de África para iniciar su reproducción entre nosotros. Allí estaban. Afanados en la construcción de sus nidos. Nidos que excavan con su pico y van sacando la tierra del túnel con un movimiento rápido de sus patas, lanzándola al exterior formando pequeños montículos de acumulación de arena según va cayendo.
Bajaban en un vuelo acrobático para posarse en el terraplén y comenzar a picar la pared de arena. Lo hacen de una manera muy rápida, como un pequeño martillo percutor que va desgastando la pared. Según pasaban los minutos el agujero se iba haciendo más profundo hasta que pasada más de una hora ya se podían meter dentro de él.
Al día siguiente un reguero de arena se situaba en la entrada del túnel. Un día han tardado los abejarucos en construir el túnel de acceso a su nido. Nido que situarán al final en una pequeña cámara en la que pondrán los huevos y criarán a sus pequeños.
En un solo día habían hecho un profundo túnel. “Normalmente tienen entre 50 y 250 cm. con un ensanchamiento en el final que es propiamente el nido. El diámetro es variable también no sólo en la boca sino a lo largo del túnel y puede estimarse que no es menor de 5 cm ni mayor de 9 cm. La cantidad de tierra o arena que extraen es por lo tanto muy variable, pero 5-8 kilos no son raros, aunque a menudo solamente 3-4 Kg” (fuente pajaricos.es)
El trabajo es enorme para una pequeña ave que como única herramienta tiene su pico y sus patas. Mover unos 4 kg de tierra es una ardua tarea. Tarea en la cual se iban alternando. Es difícil distinguir al macho de la hembra, una de las maneras de hacerlo es fijándose en los tonos más verdes que se presentan en la espalda y en el obispillo de las hembras.
En el trabajo inicial de la construcción del nido era el macho el que llevaba la voz cantante pero cuando ya se podía introducir parte de su cuerpo la hembra comenzó a hacer relevos más largos a la hora de continuar el túnel. Mientras uno estaba en el túnel trabajando el otro miembro de la pareja se posaba fuera y esperaba a que su compañero asomara para darle alimento en forma de abejas, escarabajos e incluso alguna mariposa que cogía y se comía para, rápidamente, volver al túnel a escavar.
Algo que me llamó la atención, que ya había visto más veces, pero que no había visto hacer era la construcción de pequeños agujeros cercanos al túnel principal. Pequeños agujeros, unos más profundos que otros, pero todos falsos que actúan como método de defensa en el caso de que una serpiente, uno de sus principales depredadores, intente acceder al nido en el que estarán sus pequeños indefensos. Estos pequeños falsos túneles alrededor del nido sirven para que la serpiente vaya entrando en ellos, no encuentre nada y desista, lo cual salvará a más de un pollo de ser capturado.
La actividad era frenética. Las parejas se afanaban en la construcción de los nidos en un frenesí excavador que era digno de ver ya que el abejaruco llegaba al agujero y, a una velocidad sorprendente, picaba cual experto minero y sacaba la tierra con las patas por debajo de su cuerpo como si le hubieran dado cuerda mientras otras parejas se obsequiaban con regalos amorosos en cualquier posadero próximo.
En el campo cercano los abejarucos cazaban insectos en potentes y espectaculares vuelos acrobáticos, rápidos y llenos de quiebros y requiebros que les permitían cazar al vuelo a los rápidos insectos que se movían entre las flores o volaban a cierta altura.
Siempre recordaré aquel capítulo de "El hombre y la Tierra" en el que hicieron un corte trasversal de un nido de abejarucos y veíamos extasiados y admirados como los pequeños iban creciendo en aquel agujero lleno de restos de insectos que conformaban una extraña alfombra sobre la que los pequeños se asomaban al túnel esperando la llegada de sus padres que les cebaban incansablemente. Cuando uno comía varias veces seguidas y ya estaba lleno, se iba para el fondo y su lugar lo ocupaba otro  que volvía a realizar la misma operación, de tal manera que todos comían por turnos y todos estaban alimentados.
Para llegar a esta situación todavía falta, aproximadamente, un mes. Ahora mismo la colonia está en una actividad frenética de construcción de nidos, caza de insectos e intercambios de regalos. El pájaro de los mil colores está nuevamente aquí. Ha vuelto a alegrar nuestros campos con sus colores.

martes, 15 de mayo de 2018

Otras observaciones...

En ocasiones la naturaleza te regala observaciones inesperadas, sorprendentes, raras o curiosas por diferentes motivos. En esta entrada quiero contar algunas de estas observaciones que he tenido recientemente y que me han resultado curiosas, ya sea por el lugar en el que se han producido o por la acción en si.
La primera de ellas es por lo inusual de la acción. Sucedió a las cinco de la tarde. A pleno sol y con un calor de justicia. Me encontraba en un embalse zamorano mirando por el telescopio como un grupo de buitres leonados comían el cuerpo de un ciervo que estaba dentro del agua, solamente sobresalían las cuernas (por cierto de un buen tamaño). 
Las fotos son meramente testimoniales ya que la distancia era enorme.
Los buitres, para poder comer, tenían que meterse dentro del agua, aproximadamente medio cuerpo. Tiraban de la carne y disputaban entre ellos la presa. Al terminar de comer iban saliendo a las rocas cercanas y abrían las alas para secarse como suelen hacer los cormoranes antes de levantar el vuelo.
Mientras me encontraba observando esta escena un grupo de cinco ciervos machos a los cuales les estaban despuntando las nuevas cuernas, apareció corriendo a unos 300 metros de distancia. Venían exhaustos. Con la lengua fuera, jadeando y corriendo a toda velocidad. Venían derechos al embalse. Se lanzaron al agua y se quedaron quietos, con el agua al cuello, todos juntos. ¿Qué pasaba? ¿Por qué esa reacción?
Allí estaban. Juntos. Sin moverse. Mirando hacia la orilla. Solamente asomaba del agua sus cabezas inmóviles que no quitaban ojo a lo que hubiera en la orilla. Fui incapaz de saber el porqué de su comportamiento. La suposición más lógica es que estaban siendo hostigados por algún depredador, seguramente algún lobo que hubiera por la zona pero, nunca lo sabré.
Foto testimonial del momento en el que comienzan a salir del agua.
He visto más veces a los ciervos lanzarse al río o al embalse huyendo de los lobos. Si es el embalse, lo más normal, es que lo crucen y sigan nadando hasta la otra punta mientras, los lobos, quedan en la orilla. Recuerdo una ocasión en la que no sucedió así, fue una excepción, ya que un grupo de ciervas se cruzó todo el embalse y, los lobos que las perseguían, hicieron lo mismo, nadar detrás de ellas hasta el otro lado y continuar allí la persecución. Lo más normal es que los lobos se queden en la orilla y no malgasten más energías. 
Agradezco enormemente a Manolo Segura, amigo, gran fotógrafo y
amante de la naturaleza su foto para ilustrar este momento.
Si, en vez de ser un embalse, es un riachuelo al que se lanzan los ciervos en su huida, sus problemas serán enormes ya que, cuando los he visto hacer esto, ha sido su final. Al tener el río poca profundidad, los lobos, se meten a por ellos.
La segunda observación es por lo inusual del lugar en el que aparecieron cinco preciosos zarapitos trinadores. Ver un zarapito trinador en Puebla de Sanabria es algo realmente extraño. Cría en el norte de Europa y Siberia. En España es común verlo en la costa donde inverna o en los pasos y es, en este paso prenupcial, en el que Hipólito Hernández “Poli”, gran amigo y amante de la naturaleza, descubrió a estos cinco zarapitos trinadores en Puebla de Sanabria donde han permanecido varios días descansando de su largo viaje que les llevará hasta tierras del norte de Europa.
Uno de esos días pude verlos y disfrutar de ellos con mi amigo Poli. Se movían tranquilos. Comiendo ante la atenta mirada de las lavanderas y los andarríos que se movían a su alrededor como pequeños seres del mundo de Liliput.
La tercera de las observaciones es la de una focha común. Así dicho no tiene nada de extraño pero esta focha llevaba un collar y no uno amarillo como es lo habitual en alguna de las fochas anilladas que podemos encontrar en las Lagunas de Villafáfila, sino uno negro, con dígitos blancos con el número 150. Algo realmente poco usual.
Avisé a José Miguel San Román biólogo del centro de visitantes de Las Lagunas de Villafáfila, amigo y anillador del grupo GIA León; rápidamente me dijo que era de Doñana. El siguiente paso fue meter sus datos en la Estación Biológica donde apareció su historial.
Había sido anillada por el grupo Zamalla, el 23 de febrero de 2016, en la Cañada de los Pájaros en Sevilla y esta era su primera observación a casi 600 km de su lugar de anillamiento, para que luego digan que las fochas vuelan poco.
Observaciones curiosas, diferentes, que no pertenecen a animales en peligro de extinción o a rarezas pero que merecen ser recordadas.

lunes, 7 de mayo de 2018

Otra Santoña.

Hace, aproximadamente un mes, pude disfrutar de una Santoña diferente. Una Santoña fuera de la plena invernada. Una Santoña en la que unos vienen, otros se van y algunos se quedan.
La invernada ha terminado. Estamos en pleno movimiento de aves que se desplazan de sus zonas de invernada a sus zonas de cría; que se mueven, que llegan a Santoña de paso para descansar durante unos días o para criar. Así pude ver varias garzas imperiales que se empiezan a asentar entre los carrizos para tomar posesión de sus territorios o a los charranes comunes que se lanzaban como verdaderos misiles sobre el agua; o a varias cercetas carretonas que estarán unos días y continuarán a sus cuarteles de cría, como las espátulas que les están poniendo plataformas para criar pero son reacias a hacerlo.
Garza imperial.
Cerceta carretona.
Charrán común.
Otras, han estado un tiempo y marcharán, como un grupo de preciosos moritos que han pasado parte del invierno en estas lagunas o los imponentes colimbos chicos y grandes que están alargando su estancia para ponerse con sus mejores trajes de gala.
Espátulas y moritos.
Colimbo grande. Arriba con plumaje de invierno y abajo nupcial.
Arao dormitando en el puerto.
Un solitario arao descansa en el puerto antes de su partida…¿o no? Como le sucede a las dos grandes estrellas de Santoña el zarapito trinador americano y el eider común que están tan a gusto que aquí continúan para deleite de todos los visitantes a este precioso lugar.
Zarapito trinador americano.
Eider común.
Los grandes bandos se han ido pero gaviotas patiamarillas, reidoras y alguna cabecinegra sobrevuelan la bahía; zarapitos reales y trinadores, agujas colinegras y colipintas, ostreros, negrón común, zampullines cuellinegros, cormoranes grandes y moñudos, chorlitos grises o archibebes se mueven por las lagunas y marismas.
Zampullín cuellinegro.
Pero en Santoña hay más…es increíble la sensación de ver buitres leonados volando sobre el mar o junto a los acantilados o ver un roquero solitario asomado al azul del Cantábrico.
Buitres leonados en el acantilado marino.
Roquero solitario.
Algunos ya están en pleno proceso de cría, como los cisnes o disputando sus territorios como esta preciosa focha leucística que se peleaba con toda aquella que quisiera acercarse a su zona de cría y otros, como los gaviones atlánticos que pronto sorprenderán a más de uno con su cría definitiva en estas marismas.
Focha común leucística.
Santoña siempre sorprende. Esta entrada, eminentemente de fotografías, está dedicada a todos aquellos que Santoña ha atrapado entre sus redes; me considero uno de ellos. Si queréis saber absolutamente todo lo que se mueve y cuando se mueve por Santoña y por Cantabria, no dejéis de tener el magnífico libro de Ernesto Villodas: "Cuándo y dónde ver aves en Cantabria".

martes, 1 de mayo de 2018

Urraca con alteración del color tipo brown.

Mantener un blog es una tarea ardua y laboriosa que requiere trabajo y constancia pero también, por lo menos en mi caso, me está permitiendo aprender. Aprender muchas cosas que desconocía o que nunca me hubiera planteado interesarme por ellas. Una de esas cosas ha surgido hace unos días; todo comenzó con el mensaje de un amigo que me decía: “me han dicho que hay una urraca albina en….¿Vienes a ver si la encontramos?”. A lo cual le contesté que no podía que tenía trabajo pero, al día siguiente, mi curiosidad llamaba constantemente a mi cabeza y decidí probar suerte a ver si la encontraba.
Llegué muy pronto. Hacía frío y un ligero viento soplaba mientras los rayos del sol intentaban calentar el ambiente. Me coloqué en una zona con amplia visibilidad y esperé. Varias urracas se movían inquietas mientras una perdiz se calentaba en un camino y algunos conejos correteaban delante de unos arbustos cuando la vi.
Un punto blanco se subió en un arbusto. Tenía que ser la urraca. Estaba bastante lejos así es que esperé a que se acercara algo más. Se acercó y pude comprobar su rareza y belleza a partes iguales.
Era tremendamente desconfiada, en ningún momento conseguí acercarme a una distancia prudencial. Se movía constantemente.
Albina no era. Estaba convencido que era leucística así que lo comenté. Alfonso Rodrigo me recomendó preguntar a Toño Salazar para que me aconsejara y diera su opinión; así lo hice. Su contestación fue el origen de mi interés. Sus palabras fueron el detonante para que me pusiera a buscar y leer sobre el tema, dándome cuenta de lo poco que sabía a la vez de lo apasionante e interesante que pueden llegar a ser las alteraciones del color. 
Antes de continuar quiero agradecer enormemente a tres personas su participación directa o indirecta en esta entrada. A Lorenzo Redoli por darme la pista de la urraca. A Alfonso Rodrigo por ponerme en contacto con Toño Salazar y, a este último, que fue quién me abrió los ojos sobre lo que le pasaba a la urraca con sus magníficas explicaciones. Gracias a los tres.
Toño Salazar me contestó que la urraca blanca no era leucística sino que era tipo brown “una melanina imperfecta con poco color que, además, se afecta aún más con el sol. Conservaba algo de color ultra diluido, marrones de cabeza y remiges”.
Su contestación inmediatamente despertó mi curiosidad. Conocía el albinismo, el leucismo, el melanismo pero no sabía nada del tipo brown. Así que comencé a leer y a buscar sobre el tema.
En un artículo titulado: “Aberraciones cromáticas en aves de la colección ornitológica del Museo Argentino de Ciencias Naturales "Bernardino Rivadavia"” (podéis leerlo entero aquí) de Matías Ricardo Urcola se comenta:
“Los principales pigmentos que confieren la variedad de colores existentes al plumaje de las aves son las melaninas y los carotenoides. Los carotenoides varían desde el amarillo pálido, pasando por la gama del naranja, al rojo escarlata (Mc Graw & Nogare, 2004). Son adquiridos con la dieta y transformados en pigmentos mediante la acción de enzimas (Mahler et al., 2003)”.
Estos carotenoides adquiridos por la dieta son, por ejemplo, los que nos podemos encontrar en los flamencos que van adquiriendo su color rosa por la alimentación de pequeños crustáceos que acumulan gran cantidad de carotenos.
El citado artículo continua diciendo: “En cuanto a las melaninas existen dos tipos: la eumelanina (responsable de los colores negro, gris y castaño oscuro) y la feomelanina (responsable de plumas color castaño rojizo) (Mc Graw et al., 2005)”. 
Esos dos tipos de melaninas pueden producir, cuando se ven alterados por cuestiones genéticas, distintos tipos de aberraciones del color. Las aberraciones más conocidas son por el aumento de las melaninas y por su disminución o ausencia; entre estos últimos los más conocidos son el albinismo (ausencia total de ambas melaninas) y el leucismo (error genético en la deposición de ambas melaninas).
Focha común leucística.
En otras entradas del blog he hablado de albinismo y leucismo ya que mucha gente los confunde, pero son dos cosas completamente diferentes. Un animal con leucismo no es albino; el albinismo es la incapacidad para fabricar melanina, por eso, quienes lo portan, son completamente blancos; mientras que en el leucismo el ave produce melanina de forma normal pero no se deposita en las células de las plumas poniéndose algunas totalmente blancas; además las aves con leucismo tienen el pico, los ojos y las patas de color normal no como los albinos que tienen los ojos rojos. (Si queréis leerlo pichar aquí)
Mirlo común con leucismo (llegó a ponerse casi blanco del todo).
En estos días he descubierto diferentes tipos de aberraciones del color que no conocía como los tipos pastel, ino o isabel pero quiero centrarme, en esta entrada, en el tipo Brown que es el tipo de la urraca blanca.
En el mismo artículo se define este tipo como: “Brown (Pardo): reducción cualitativa de eumelanina. El resto de los pigmentos se mantiene inmutable. Lo que ocurre es una oxidación incompleta de dicho pigmento, la cual produce plumas pardo oscuras en lugar de negras. El plumaje se blanquea con el tiempo debido a que es sensible a la luz del sol. Lo cual se detecta ya que las plumas más internas conservan la coloración oscura. Este tipo de mutación es heredada de manera recesiva y ligada al sexo en todas las especies de aves. Es extremadamente raro encontrar un ejemplar Brown macho en la naturaleza”.
Como sabiamente me comentó Toño Salazar eso era lo que le pasaba a la urraca blanca. Las plumas color ceniza, ultra diluidas por el sol, que tenía en cabeza y remiges demostraban que tenía una melanina imperfecta, disminución cualitativa de la eumelanina (responsable de los colores negro, gris y castaño oscuro) que, además, se veía afectada todavía más por la acción directa del sol. Verdaderamente apasionante.
Estas aves blancas que son bonitas y espectaculares, en la naturaleza, tienen realmente un problema, son muy visibles y cuando quieres pasar desapercibido y, por el contrario, destacas en exceso, atraes todas las miradas de un posible depredador con el aumento de probabilidades de que al que coman sea a esa ave blanca. Esta urraca es casi un milagro que siga viva.
Toño Salazar, con su claridad de ideas, también me habló de otro tipo de aberración del color, la tipo ino, pero eso será el tema de otra historia.