domingo, 11 de junio de 2017

Tiempo de corcinos.
Ahí está. No tiene más de dos días. Pegado a su madre, a su protectora, a su cuidadora que le dará todos los mimos posibles y le enseñará todo lo necesario para poder sobrevivir. Es muy pequeño, tendrá uno o dos días y observa asustado y receloso cómo su madre está alterada ya que un macho se encuentra muy cerca y su cría del año pasado también.
Recién paridas las corzas entran en un falso celo que atrae al macho que ladra desesperado, escondido entre los brezos, pero la corza está más preocupada de otra situación. Está echando a su cría del año pasado, ya le ha enseñado todo lo necesario para que se mueva sola; ahora tiene que dedicar todo su tiempo al cuidado y atención de su nueva cría.
La joven corza no lo entiende, ¿por qué me echas?, parece preguntarse cuando su madre corre detrás de ella ladrando y emitiendo sonidos cortos y roncos. No la deja acercarse. La joven corza vuelve a intentarlo, quiere ir con su madre, es lo único que conoce, desde que nació ha estado con ella y ahora ¿la expulsa? No lo entiende. Vuelve a intentarlo pero su madre la vuelve a rechazar. Se aleja cabizbaja, asustada, nerviosa…¿dónde irá? ¿qué hará ahora?
Se aleja. Para. Se da la vuelta y observa cómo su madre vuelve con el pequeño corcino y lo lame con la ternura y el cariño con el que se lo hacía a ella. Lo vuelve a intentar. Se acerca dando grandes saltos pero su madre vuelve a rechazarla…es el momento de irse, de abandonar todo lo que ha conocido hasta ahora, de emprender una nueva vida. Sube la ladera despacio, volviéndose cada pocos metros. Llega arriba y desaparece.
La corza se mueve con su recién nacido...
...un macho y su cría del año pasado llaman su atención...
...la corza expulsa a su cría del año pasado...
...debe dedicar todos su esfuerzos a su recién nacido...
...le advierte de nuevo. No te acerques... 
...la cría del año pasado vuelve a intentarlo...
...quiere regresar con su madre. Salta. Se asoma.
Lo intenta pero no será posible...Debe encontrar un nuevo camino.
Este momento es crítico en la vida de un corzo. Necesitará encontrar un lugar nuevo para vivir. Un lugar del que no la echen pero los peligros se multiplican. Estará desorientada, nerviosa y pasará por carreteras o bajará la guardia y cualquier depredador sabrá que tiene una oportunidad.
La corza lleva a su pequeño al brezal. Lo lame. Le da de mamar y permanece atenta a cualquier posible peligro. El hecho de que todas las crías nazcan en muy poco tiempo es una manera de aumentar las probabilidades de supervivencia de un buen número de ellas ya que muchas morirán por frío, enfermedad o cazadas por los depredadores pero otras conseguirán sobrevivir. Estamos a principios de junio y la sierra se llenará de corcinos.
El macho sigue allí. Nervioso, agitado y oculto pero ladrando a los cuatro vientos su poderío. En, aproximadamente un mes, la corza tendrá el verdadero celo y es cuando el macho volverá y la montará, surgiendo una de las particularidades de los corzos: la implantación retardada del óvulo, es decir, pueden guardar el óvulo fecundado un tiempo determinado; quedarán preñadas en verano pero hasta los primeros meses del siguiente año no se desarrollará para nacer a finales de mayo o principios de junio donde encontrará las condiciones ideales para intentar sobrevivir: abundancia de comida, altas hierbas en las que esconderse y buena temperatura, todo lo contrario de lo que hubiera tenido si hubiera nacido en otoño donde comienza a hacer frío, hay poca comida y, las hierbas donde esconderse de los depredadores, escasean.
La mañana está siendo fantástica; mi amigo Poli  habla con su enorme sabiduría, su templanza y su gran conocimiento sobre los habitantes de la sierra. Mi abuelo siempre me decía: “acércate a los que más saben porque de ellos es de los que más se aprende”. Así es. Hablar con Poli es aprender. Es empaparte de muchas cosas que no salen en los libros pero son la verdadera naturaleza, la vivida en el campo. Es disfrutar. Es conocer y es valorar lo que tenemos.
Continuamos por la sierra. Una sierra florida, espectacular en la que la vida brota por los cuatro costados y el manto de flores amarillas, moradas, rosas o blancas cubre el tapiz vegetal en el que aparece otra corza con su pequeño y otra y otra y otra más; todas tienen una sola cría algo poco habitual ya que normalmente, las corzas, a partir del segundo parto, tiene dos crías (otra forma de aumentar las probabilidades de que algún corcino llegue a adulto) pero este año no parece que sea así o, quizás, alguna haya muerto.
Ahí está, una nueva corza con su pequeño en el borde del brezal. La corza come tranquilamente mientras su pequeño no para a su alrededor en un constante descubrimiento de su entorno. Se acerca a su madre y mama durante unos minutos. Se separa y reconoce el terreno, observa, huele, mira, siente…prueba jugosas flores o ramonea los tiernos tallos. No se aleja. Está junto a su madre. Vuelve a mamar. La corza está cansada. Se tumba y su pequeño se acuesta a su lado. Se lamen uno al otro en señal de reconocimiento, cariño, ternura y algo más importante: quitarle el olor. La corza está obsesionada en lamer a su pequeño. Debe hacer que no huela, si no lo consiguiera un depredador lo detectaría y tendría un gran problema si lo encuentra.
La corza está cansada. Se apoya y se duerme plácidamente mientras su pequeño se pega a ella. Nos vamos. Nos alejamos dejándolos en su mundo, en su vida, una vida llena de peligros que deberán de sortear. No se han percatado de nuestra presencia. Nos retiramos con una enorme sonrisa en la boca. Acabamos de disfrutar de un momento tierno, dulce, mágico. De un momento íntimo en la vida de un corcino de no más de un día que está descubriendo el mundo.

viernes, 2 de junio de 2017

Nueva especie de mariposa para Zamora.
El mundo de las mariposas es un mundo apasionante, fascinante y muy complicado. La verdad es que me considero un auténtico novato en este mundo tan difícil. Hay tres personas que me han influido poderosamente para respetar o adentrarme en este mundo.
La primera es mi abuela. Se llamaba Ángeles (la Señora Angelita para muchos de nosotros). Era una persona buena en el amplio sentido de la palabra. Me enseñó a amar y respetar lo que tenía a su lado, su adorado jardín.
Jardín en el patio de la carpintería de mi abuelo (quizás los que conocéis Zamora de toda la vida os acordaréis de una carpintería cuya fachada era de color rosa que daba al río, junto al puente de piedra). Este jardín lo cuidaba con enorme esmero, cariño y sensibilidad; mi abuela era de Jerez del Marquesado (Granada), pequeño y hermoso pueblo a las faldas de Sierra Nevada aunque vivió gran parte de su juventud en Guadix (Granada) de donde era mi abuelo y es mi madre; en su familia siempre había habido un patio en el que cuidar y disfrutar de las plantas, de las flores y del agua, esa costumbre que vivió desde niña la trajo con ella cuando, por circunstancias de la vida, vino a vivir a Zamora y continuó cuidando un nuevo jardín en su ciudad de acogida. Esa sensibilidad hacia las plantas nos la transmitió a todos sus nietos desde que éramos muy pequeños: “Las flores no se estropean. Se huelen y se admiran”, nos decía con su suave voz que mostraba una infinita paciencia y, nosotros, como nos lo decía ella no pisábamos los jardines, ni destrozábamos las flores e incluso le decíamos a otros niños que eso no se podía hacer.
Cuando las flores estaban en pleno apogeo y el jardín se llenaba de color aparecían las mariposas con sus colores llamativos, alegres y vistosos que nos llamaban poderosamente la atención pero, mi abuela, nos decía con enorme paciencia y dulzura: “no las toques que les quitas los polvitos y se mueren”.
Ella me enseñó a respetar y amar las flores, plantas y mariposas de su preciado y precioso mundo. La verdad es que siempre las he admirado pero nunca me había planteado conocerlas, buscarlas e identificarlas, algo que llevo haciendo desde hace algo más de dos años.
Una de las personas que tiene la culpa es J. Alfredo Hernández, experto, amante y apasionado de las mariposas que se encarga en Zamora de recoger las citas para luego elaborar mapas de distribución; su interés me lo transmitió y poco a poco cuando salía al campo intentaba hacer alguna foto a las que veía para luego buscarlas en una guía y ser capaz de identificarlas.
Y en esas estamos cuando hace unos días hice unas fotografías a una mariposa que cuando me puse a buscar en la guía, no me cuadraba…así es que quién mejor que Alfredo para su identificación. Se la mandé y en su respuesta me ponía: “mándame la foto…puede ser una cita buenísima”. Y le mandé la siguiente fotografía.
Su contestación fue la confirmación de una especie nueva de mariposa para la provincia de Zamora. Era una Satyrium acaciae, primera cita de esta especie como imago ya que, la anterior cita, se produjo en Ferreras de Arriba en forma de huevo el 8-3-2014 por Juan Carlos Vicente y Beatriz Parra.
La emoción me recorrió todo el cuerpo ya que acabábamos de descubrir una mariposa que se presuponía que estaba en Zamora (ahí estaban esos dos huevos de la cita del 2014) pero que nunca se había conseguido ver.
Pero no quedaron ahí las cosas ya que hablando con Alfredo se acordaba, vaya memoria privilegiada, de otra fotografía que le mandé en junio de 2015 del mismo lugar en el que había encontrado esta última y que había guardado y clasificado como Satyrium esculi. La busqué. Se la he envié y…también era una Satyrium acaciae.
La foto estaba tomada el 2 de junio de 2015 con lo que habíamos pasado de no tener ninguna cita de esta mariposa a encontrarnos con dos citas confirmadas para nuestra provincia de esta especie los días: 2-6-2015 y 26-5-2017. Tenemos una especie de mariposa más. Un lujo ya que hace la especie número 140 de las mariposas que hay en la provincia de Zamora.
Observarlas es algo fascinante. Sus vuelos, sus colores, su distribución de formas son dignas de los mejor pintores o diseñadores que han dado rienda suelta a toda su creatividad e imaginación. Una época muy buena para admirarlas es el verano, en Sanabria, y allí está otra de las personas que me ayuda en este mundo de las mariposas; es Hipólito Hernández que cada vez que voy a su casa o hablo con él le llevo una buena dosis de fotografías (de esa época) para la confirmación o no de la especie, a lo que él, con su voz tranquila, serena y su inmensa sapiencia me va confirmando o diciendo cual es cada una de ellas con su correspondiente explicación pormenorizada que en la mayoría de las ocasiones me deja con la boca abierta ante su profundo conocimiento.
Las mariposas son fascinantes ya que aparte de su vistosidad llevan entre nosotros desde hace unos 130 millones de años, viven horas o meses, tienen una lengua muy peculiar o son capaces de evolucionar en su vida de una manera espectacular.
Disfrutemos de sus vuelos, de sus colores llamativos, alegres y vistosos y, como decía mi abuela, “no las toques que les quitas los polvitos y se mueren”. 

jueves, 25 de mayo de 2017

Siete lobos…
Hacía mucho tiempo que no contaba ninguna historia de lobos en el blog así es que voy a contar una de las últimas observaciones que he tenido de este magnífico animal en la que pudimos disfrutar de un grupo de lobos en una época muy poco propicia para verlos en grupo.
La mañana estaba muy complicada. Una espesa niebla cubría por completo la sierra. Niebla muy baja que no hacía presagiar nada bueno. Había amanecido hacía más de una hora y no se veía absolutamente nada. La resignación empezaba a estar presente en nuestras cabezas, el día no tenía buena pinta pero, como cuando le das la vuelta a una tortilla, cambió.
Lo que más frío nos haría pasar fue lo que nos arregló la mañana, el viento comenzó a soplar helador y la espesa capa de niebla se empezó a desplazar como cuando retiras una gruesa manta de la cama. La niebla desapareció como por arte de magia y la sierra se abrió esplendida ante nuestros ojos. Los colores brillaban con una intensidad desmedida que nos hizo rápidamente ponernos a mirar y a buscar al tan ansiado animal.
El viento que había levantado la niebla acrecentaba la sensación de frío que se metía hasta las entrañas. El tiempo pasaba y no aparecían. Grupos de ciervos deambulaban por el matorral y según avanzaba la mañana se movían hacia sus lugares de encame, un corzo comía tranquilamente y un solitario zorro prospectaba el terreno en un movimiento constante.
La mañana pasaba y el lobo no aparecía, algo que suele pasar en la mayoría de las veces en las que lo buscas pero, con el lobo, nunca se sabe; es imprevisible y, aunque se suele decir que se mueve al anochecer y al amanecer, en esta época del año podría aparecer a cualquier hora del día.
Bien entrada la mañana me acerqué a mi compañera y le dije: “Busca ahí que yo busco aquí”, le comenté esperanzado. Segundos después me dijo muy nerviosa: “creo que he visto algo”. “¿Dónde?”. Le pregunté acercándome a su telescopio. Miré. Busqué. Esperé y…¡ahí estaban!
Se veían muy mal. Avanzaban entre el brezal tapados por el bosquete de robles que estaban cruzando. Estaban ahí. Metidos en el robledal. Había que localizarlos cuando salieran de él…si salían.
Rápidamente nos pusimos a buscar por las zonas que podían salir. La tensión y el nerviosismo se palpaban en el aire. Aunque lo hayas visto en muchas ocasiones cuando se escucha la palabra “lobo” un escalofrío recorre todo tu cuerpo y tus sentidos se ponen en alerta máxima, como así sucedió.
Unas ciervas salieron corriendo del bosquete de robles, señal inequívoca de que allí estaban. Corrieron unos metros y se pararon. Se giraron. Estiraron su cuellos, levantaron las orejas y permanecieron en alerta. Había que seguir a donde miraban, los lobos estaban allí dentro.
Pasados unos minutos, por un lateral del bosquete, apareció un lobo. Se asomó y observó a las ciervas que no le quitaban ojo. El lobo se volvió y se perdió tras unas rocas. ¿Se habrían quedado allí?
Los minutos pasaban muy lentamente y nuestros ojos escudriñaban el brezal que rodeaba a los robles, podían salir por cualquier lado, podían quedarse allí o salir y que, como fantasmas, pasaran delante de nuestras narices y no fuéramos capaces de verlos pero no…pasados unos interminables minutos un lobo salió de entre los robles y otro y otro y uno más…iban en fila…1,2,3,4…7 preciosos lobos caminaban uno detrás de otro, sin prisa pero sin pausa.
Las fotos de esta entrada son representativas del momento.
Su avance era seguro y decidido. Estaba todo el grupo junto, algo muy inusual en esta época del año ya que la pareja reproductora debía de estar separada e incluso la hembra ya podría estar preñada pero no, estaban todos juntos y avanzaban espectaculares por la sierra.
El grupo avanzaba de derecha a izquierda. Según su comportamiento y aspecto podías saber quién era quién en el grupo, aunque lo de su aspecto, en muchas ocasiones es muy engañoso ya que puedes estar viendo a un macho y es una hembra o al revés pero, en este caso, tanto su comportamiento como su manera de marcar y moverse nos permitió saber quién era quién en el grupo.
El lobo dominante era un lobo grande, oscuro, muy oscuro, destacaba de todos por su corpulencia, color y manera de comportarse; la cola recta y la actitud sumisa del resto cuando se le acercaba nos indicaba quién era, era el macho dominante que marcó en varios puntos. Era un lobo fuerte y poderoso que dirigía el avance desde la retaguardia.
Otros dos eran los cachorros del año. Eran más finos, con un color más uniforme y su comportamiento los delataba. Jugaban. Se quedaban rezagados persiguiéndose, tumbándose y echándose uno encima del otro. Cada vez que se quedaban para atrás uno de los otros lobos se les acercaba y les regañaba mordiéndoles en los cuartos traseros para que arrearan con el grupo. Ese lobo que les apremiaba parecía un subadulto al igual que otro de ellos y el último era, al contrario que el lobo oscuro, un lobo muy claro, parecía mas corpulento que los dos subadultos; había muchas posibilidades de que fuera la hembra reproductora del grupo (hembra era ya que la vimos marcar en un punto del recorrido).
Agradezco a Fernando García prestármelas para ilustrar esta entrada.
Les seguimos en un avance de más de cinco kilómetros. Iban a buen ritmo, sin casi parar en ningún momento, sólo cuando los dos más jóvenes se rezagaban o el macho reproductor lo ordenaba. Según avanzaban, los ciervos salían corriendo despavoridos de sus encames. Corrían unos 50 metros y se paraban, se giraban y controlaban a los lobos hasta que se perdían entre el brezal.
Avanzaban a buen ritmo, siempre en grupo, no paraban salvo que uno de los cachorros del año se parara como así hizo en una ocasión uno de ellos que se paró y comenzó a revolcarse, panza arriba, en algo que le estaba resultando muy entretenido. A veces, los lobos (al igual que muchos perros) se revuelcan en excrementos de otros animales o restos para esconder su olor, quizás, aparte de jugar, este cachorro del año, estaría haciendo eso de una forma innata hasta que uno de los otros lobos llegó, le dio con el morro y lo apremió a que volviera al grupo.
Cruzaron caminos, campos, brezales hasta que se perdieron. Era casi la hora de comer. Habíamos estado prácticamente dos horas siguiéndolos. Viendo su comportamiento. Disfrutando de como avanza un grupo de lobos. Donde iba cada uno. Que hacían en el grupo. Quién mandaba y quién obedecía. Quién era un cachorro del año y quién no. Fue una auténtica lección de campo de como se mueven y avanzan un grupo de lobos en la sierra.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Tiempo de reproducción en el río Duero.
En pleno mes de mayo nos encontramos con muchos de los habitantes del río Duero a su paso por Zamora en plena temporada de cría, en el proceso de cortejo o con labores propias de la realización de sus nidos. Estos habitantes habituales del río o temporales se encuentran enfrascados en el cuidado de sus pequeños, en el cuidado de su puesta, en pleno proceso de cortejo o haciendo labores propias de construcción o arreglo de sus nidos.
Como he comentado en numerosas entradas en el río Duero, a su paso por Zamora, nos encontramos con una amplia variedad de especies que viven en él; quiero centrarme en esta entrada en algunos de estos habitantes y que hacen, en estos momentos, en relación a sus labores reproductivas.
Uno de los habitantes más bellos y espectaculares que nos podemos encontrar es el martín pescador. Pequeña flecha azul metálica que actualmente está criando a sus pequeños y que se le ve entrar, en sus nidos excavados en taludes, con pequeños peces o anfibios para alimentar a su prole que le espera al final del túnel, en una pequeña cámara subterránea, donde irán creciendo rápidamente.
Otro de los habitantes temporales del río es el abejaruco, el ave de los mil colores, el ave que lleva en su cuerpo la paleta de colores de un pintor. Ave que llegó hace, aproximadamente, un mes, procedente de África y, que en estos momentos, se encuentra en pleno proceso de construcción de sus nidos. Nidos que excava, como vemos en la siguiente imagen, con su pico y va sacando la tierra del túnel con un movimiento rápido de sus patas, lanzándola al exterior formando pequeños montículos de acumulación de arena según va cayendo.
Pollada de ánade azulón.
Garzas reales, azulones, lavanderas blancas, gorriones molineros, pitos reales o golondrinas ya tienen a sus pequeños, algunos muy crecidos, que crían con dedicación y esfuerzo mientras observan las evoluciones de un macho de avetorillo que se afana en conquistar, desde una orilla del río, a su amada que se encuentra en la otra orilla.
Macho de avetorillo.
El macho de avetorillo observa a la hembra que no quita ojo de como el macho se estira, se mueve inquieto, hace poses imposibles sobre los juncos, pesca un gran pez o canta sin parar hasta bien entrada la mañana. La hembra cruza el río en varias ocasiones bajo la atenta mirada del macho que se mueve intranquilo y expectante. La base rojiza de su pico indica claramente su estado de excitación. En pocos días, cuando los carrizos crezcan un poco más, el macho construirá varios nidos, eligiendo uno de ellos la hembra en el que criará a sus pequeños.
Hembra de avetorillo.
Águila calzada.
Gallineta empollando en el nido.
Águila calzada, milano negro, avión zapador o gallineta se encuentran en diferentes procesos de su cría. Mientras unos ya tienen a sus pequeños otros se afanan en quehaceres de cortejo, empollan en el nido o reestructuran su hogar, como el pájaro moscón que ha terminado su obra de arte y comienza la cría. 
Pájaro moscón.
Las orillas e islas del río son un hervidero de movimiento en busca de alimento para cebar a sus crías, búsqueda de pareja o construcción elaborada o desenfrenada de sus nidos. El río es vida. Los habitantes del río están en pleno proceso: herrerillos, jilgueros, mirlos, carboneros, colirrojos, pico menor, picapinos o cigüeña blanca también crían y criarán y el río se convertirá en un canto a la vida, en un lugar en el que nuevas generaciones seguirán poblando nuestro amado y querido río Duero a su paso por Zamora ciudad.

sábado, 13 de mayo de 2017

Desperzándose de la tormenta.
La tormenta acababa de terminar. La lluvia había cesado pero quedaba un poco de viento y la humedad se notaba en el ambiente. Los animales comenzaban a asomar. Los conejos asomaban de sus agujeros y un par de liebres se perseguían inquietas por la pradera cuando un bulto grande llamó mi atención.
Lo normal es que fuera un cernícalo, una paloma, un cuervo, una corneja o un halcón pero esto era más grande de lo normal así es que me acerqué con mucho cuidado. Mi sorpresa fue mayúscula…¡era un búho campestre!
Nunca los había visto subido en un cable. Siempre me los había encontrado en el suelo, sobre un terraplén o un montón de piedras, entre hierbas o volando; nunca lo había visto ahí, en un cable. Me acerqué un poco más.
El precioso búho campestre se desperezó y movió todo su cuerpo sacudiéndose sus preciosas e inmaculadas plumas. El agua que hubiera podido quedar en su exterior salió volando en todas direcciones en forma de pequeñas gotas que huían del movimiento del búho que tembló de abajo arriba en un contoneo espasmódico que hizo moverse a todas sus preciosas plumas.
Plumas que son básicas para poder volar si ruido alguno. Plumas que están aserradas en los extremos para amortiguar el sonido que producen al chocar entre ellas así como su disposición especial que hace que el aire fluya entre ellas y no provoque ningún sonido por rozamiento.
Plumas que le dan un color marrón, rojizo, pardo, blanco, leonado que le hace camuflarse perfectamente entre la vegetación de la estepa. Un color que le camufla como a un fantasma cuando se encuentra en el suelo entre hierbas o arbustos.
Plumas que varían de color de unos ejemplares a otros, haciendo que unos sean mas blancos, otros más tipo leonados o más oscuros. Plumas que en su disco facial son blancas o amarillas sucias; disco facial de plumas rígidas que hacen la función de antena parabólica dirigiendo el sonido que puedan detectar hacia el oído que tiene recubierto de otras pequeñas plumas marrones que levantan cuando están nerviosos o alterados.
Sobre su pico tiene otras pequeñas plumas rígidas que utilizan como el tacto para, por ejemplo, al tocar la carne para dar de comer a sus pollos, les sirven para controlar las distancias y saber que hacer.
Ahí estaba, sobre el cable, observando. Sus grandes ojos amarillos prospectaban alrededor y su especializado sistema de escucha estaría detectando cualquier sonido. Me ignoraba por completo. Se estaba desperezando y yo no suponía ningún problema para él.
Ahí subido me mostró sus poderosas garras. Garras largas y potentes con las que se agarraba fuertemente al cable y que son un elemento letal en la caza. Garras que son la finalización de unas poderosas y potentes patas recubiertas de plumas blanco amarillentas.
Se volvió a sacudir y levantó el vuelo. Un vuelo silencioso y limpio que le llevó a comenzar un vuelo de reconocimiento en busca de posibles presas. El búho campestre, la más diurna de nuestras rapaces nocturnas, voló alrededor y se perdió en la estepa castellana.

lunes, 1 de mayo de 2017

Correlimos pectoral en Villafáfila.
La mañana estaba siendo excelente y muy agradable. No hacía frío y, en compañía de mi amigo Fernando García, habíamos visto un buen ramillete de aves interesantes (sólo con ellas tendría una entrada muy curiosa) pero lo más espectacular y sorprendente nos quedó para el final que es por donde voy a empezar esta entrada.
Nos encontrábamos en el centro de interpretación observando a los espectaculares combatientes en plumaje nupcial cuando un ejemplar me llamó la atención. No lo veíamos bien porque estábamos en un gran contraluz pero le comenté a mi amigo Fernando que me parecía un correlimos pectoral.
Nunca había visto uno pero me sonaba que podría ser, así es que decidimos cambiar de camino y ponernos con mejor luz para ver si lo podíamos observar mejor. Llegamos y seguía con la mosca detrás de la oreja, estaba casi seguro pero…había que confirmarlo ya que mi inexperiencia con esta especie era total. Rápidamente, vía wasap, Alfonso Rodrigo confirmó mis sospechas y una amplia sonrisa se dibujó en mi cara.
Se dio la casualidad que nos juntamos con un grupo de excelentes pajareros gallegos: Ricardo Hevia, Antonio Gutiérrez, Pablo Gutiérrez y David M. Lago que también lo habían visto desde otro punto diferente.
El correlimos pectoral se movía tranquilamente por la orilla alimentándose sin prisa pero sin pausa. Pudimos observarle a placer y ver sus características principales: el estriado del pecho (de ahí su nombre), sus patas claritas de color oliva o el dorso de tipo escamoso con plumas negras y los bordes rojizos.
Resulta que esta preciosa ave es capaz de recorrer miles de kilómetros ya que cría en el noroeste de Siberia o Alaska pero inverna en Sudamérica, Australia o Nueva Zelanda. Es un ave viajera como demostraron: “Bart Kempenaers y Mihai Valcu, del Instituto Max Planck de Ornitología en Seewiesen (Alemania), colocaron sistemas de seguimiento a las aves para seguir sus movimientos. Así descubrieron que, después de recorrer cerca de 14.000 kilómetros desde sus refugios invernales en América del Sur, pudieron continuar volando, viajando de un lugar a otro para encontrar hembras receptivas. La distancia media recorrida por cada uno de estos animales era de 3.000 kilómetros, pero el récord superó los 13.000” (fuente: el país)
Actualmente no está incluido en el listado de aves raras de España pero lo estuvo hasta que el año 2015 fue su último año de inclusión en dicha lista. Es un ave preciosa que por aquí es una rareza total que pudimos disfrutar plenamente.
Las siguientes estrellas del día fueron los 7 correlimos de Temminck que pudimos observar o 2 vuelvepiedras (verlos por aquí es bastante escaso) sin olvidarnos de los espectaculares combatientes en plumaje nupcial o los correlimos zarapitín, correlimos tridáctilo, archibebe oscuro y claro, andarríos bastardo, búho campestre, abejarucos, águila calzada y así hasta una larga lista pero, la estrella del día ,fue el precioso correlimos pectoral.
Un gran día...

sábado, 29 de abril de 2017

El avetorillo.
La mañana estaba heladora. Hacía sol pero el viento cortaba la cara con fuerza acrecentando la sensación de frío. Una pequeña neblina se movía por la superficie del río como un fantasma de forma indeterminada mientras una garza real intentaba pescar en una de las orillas, un solitario martinete permanecía inmóvil sobre una rama seca y un precioso Martín pescador se acicalaba delante de la entrada a su nido.
Martinete.
Garza real.
Pollada de minúsculos azulones siguiendo a su madre.
El río empezaba a cobrar vida. Una pollada de minúsculos azulones seguía azarosamente a su madre, los milanos negros se movían del nido y los andarríos comenzaban sus andaduras por las zudas y orillas cuando un macho de avetorillo voló río arriba y se metió entre unos juncos. Imposible volver a verlo; el carrizal se lo había tragado como un enorme dragón.
Aproximadamente una hora después, en otro punto del río, un ligero movimiento entre los carrizos llamó mi atención. Paré. Coloqué el telescopio y…allí estaba, otro precioso macho de avetorillo bebiendo agua asomado del carrizal.
El avetorillo es la más pequeña de nuestras garzas pero es tremendamente hermoso y espectacular de poder ver. Se esfumó pero sabía por donde se movía así es que esperé a que volviera a aparecer…y apareció.
El avetorillo es un ave esquiva, mimética, cuyo plumaje le hace pasar totalmente desapercibido entre los carrizos de la orilla. Es un ave de costumbres crepusculares qué se mueve perfectamente entre los carrizos agarrándose a ellos con una soltura y elegancia sorprendente. 
Todo él está diseñado para vivir en este hábitat. Sus largos dedos y uñas le permiten agarrarse firmemente a estrechos carrizos en posturas dignas de un equilibrista consumado. Su largo cuello es perfecto para equilibrarse y estirarlo hacia el agua para poder pescar pequeños peces qué coge al acecho con su largo y fuerte pico. Su plumaje es de un color mimético con el entorno. Está perfectamente adaptado a la vida entre los carrizos.
Allí estaba. Mimético. Hierático. Sin inmutarse lo más mínimo. Se sentía seguro. Se sentía oculto entre los carrizos que lo protegen y cubren como una gran capa de invisibilidad. Sus largos dedos se agarran a los pequeños carrizos como si de ventosas se trataran adoptando posturas imposibles para cualquier otra ave. Se movió y voló. Pero lo hizo hacia mi. Se posó todavía más cerca, al descubierto, en la misma orilla.
Ahora estaba nervioso, intranquilo ya que se puso en la típica postura que los avetorillos adoptan cuando están intranquilos o nerviosos. Estiró su cuerpo cuan largo era y levantó el cuello verticalmente, se puso como si fuera una vara, rígida, inmóvil, como si fuera una caña más del entorno. 
Pasados unos minutos se relajó y adoptó una postura imposible, estaba haciendo un “spagat” sobre dos ligeros juncos mientras no quitaba ojo de la superficie del agua. Estaba intentando pescar, hizo varios intentos pero no consiguió nada así es que se estiró y con una gran agilidad comenzó a caminar entre los juncos y cambió de ubicación.
En el tramo urbano del río Duero a su paso por Zamora tenemos varias parejas de avetorillos que llegan regularmente todos los años entre marzo y abril para criar aquí pero, también, algunos se quedan todo el invierno y no migran hasta África. Es un verdadero lujo poder disfrutarlos y admirar sus delicados movimientos, sus posturas increíbles, su belleza…como tuve la suerte de hacer con este precioso avetorillo macho durante bastante tiempo en la fría mañana de abril.